Toro Rosso STR10 – Gran Premio de Brasil – Análisis Técnico

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Interlagos es un circuito complicado a la hora de reglar la mejor puesta a punto. Con un segundo sector muy revirado cuenta con varias curvas de baja velocidad que demandan estabilidad y tracción donde el coche tiende a subvirar debido en gran parte a la necesidad de buena velocidad punta en el primer y último sector. Un compromiso medio de balance del coche que define cómo es un monoplaza en este tipo de trazados. Una pista donde la refrigeración (un 70% respecto a un circuito a nivel del mar) volverá a jugar un factor clave este fin de semana como ya lo fue en México, pese a no ser tan drástico, dados los 800 metros de altitud en los que se encuentra.

La menor densidad del aire hace mella en las configuraciones aerodinámicas de los monoplazas, teniendo que utilizar apéndices de mayor ángulo de ataque para suplir la carencia de downforce, pero minimizando la resistencia en recta. Toro Rosso juega con estos parámetros para introducir un nuevo alerón trasero.

Esta ala posterior redondea y suaviza sus extremos manteniendo la anchura de la región central de los planos principales. Esto se hace con el objetivo de disminuir los vórtices de punta generados en interacción con los endplates debido a una menor presión almacenada en los extremos del ala, sobre todo al abrir el DRS, donde se destruye toda la depresión contenida. Asimismo, sostener la parte central intacta ayuda a nutrir los niveles óptimos de carga en conjunto con la aleta Y150 del difusor (parte central).

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